Razones para decir “No me quiero curar” de un TCA

 

Es cierto que aun a día de hoy sigue existiendo, absurda y desgraciadamente, cierta estigmatización sobre el hecho de ir a la consulta de un/a psicólogo/a. Esas frases tan manidas de “eso es para locxs y yo no lo estoy…”, “que me van a solucionar hablándome…”, “yo no necesito ayuda, se lo que tengo que hacer…”, siguen estando en boca de personas que miran reacias hacia la actividad psicoterapéutica. Seguro que mucha culpa de esto la tenemos también lxs profesionales que no estamos sabiendo trasmitir a la población general que es y que no es la Psicologia clínica, pero hoy no me meteré en ese jardín.

Si hay algún problema, trastorno psicológico, que genera en quien lo padece una negación total de problema son los Trastornos de la Conducta Alimentaria (en adelante TCAs para abreviar). Lo más habitual, si son jóvenes, es que acudan a consulta literalmente arrastradas por sus familiares que, en su impotencia, no pueden esperar más de brazos cruzados viendo el deterioro psíquico y físico de su ser querido. Empujadas por sus parejas, sus amistades, llegan a la consulta en una actitud defensiva ante el temor irracional (si, irracional, pero terriblemente intenso) de “estas me quieren engordar”.

Quien no conozca de cerca los TCAs podrán pensar por ejemplo: “¿pues si la muchacha o el chaval esta tan delgados, pues qué problema hay en coger un poco del peso que necesitan?…” Pero la realidad es que da igual el peso real, objetivo, que tenga quien sufre un TCA, de hecho ese NO es el problema, insisto, NO es el problema. El problema es ese miedo irracional, terrible, incapacitante, anulador, que sienten ante la más mínima posibilidad de subir, si quiera, 1 gramo de peso. Ese “pánico” que es el culpable, a su vez, de que ni tan si quiera puedan tener conciencia real de cuál es su estado físico (sea el que sea), ese temor desproporcionado que, en realidad, no es más que una excusa, una distracción para no afrontar las cuestiones reales…: su inseguridad, su autoestima, su falta de confianza en sí mismas, su autocritica patológica…

Son muchas y muchos los que cuando llegan a consulta asumen la existencia de un complot entre sus familiares y nosotras para hacerles engordar. Su familia, cuando hay bajo peso, a menudo convierte “ese síntoma” en “causa”, simplemente por lo evidente. Si ven a su hijx en estado de desnutrición, en bajo peso ¿Qué pueden pensar?, pues que si cogen peso estarán mejor. Es lógico. Por eso es fundamental explicar hasta la saciedad que los TCAs NO son un problema físico. El estado de infrapeso, normopeso o sobrepeso no es más que la manifestación externa de una problemática interna que es la que en realidad debemos afrontar. Si mejoran su peso sin estar psicológicamente preparadas para ello, desgraciadamente, en un alto porcentaje, se acrecentará su temor y su sintomatología obsesiva…, pero también si existe un bajo peso excesivo veremos cómo sus capacidades cognitivas y volitivas estarán seriamente afectadas. ¿Cómo enfocarlo entonces?… Pues una buena manera es facilitar información real y veraz a la familia, a lxs afectadxs, que contribuya también a una mejor aceptación de la intervención. Así proponemos:

  • Fundamental explicar ¿Qué es? Y ¿Qué no es un TCA? No son trastornos del estado físico, ni del hambre, ni del peso, son problemáticas psicológicas de profundo calado que afectan a la capacidad de conciencia y toma de decisiones de quien las padece.
  • ¿Es el peso importante? Sí, pero como síntoma, no como causa principal. El peso mejorará (tanto si es para recuperar como para normalizar) cuando el/la paciente vaya evolucionando favorablemente. Evidentemente ante infrapesos que pongan en riesgo la vida (pe: índices de masa corporal inferiores a 17) hay que actuar de forma urgente, hasta que ese riesgo vital desaparezca.
  • ¿Lxs pacientes deben engordar? NO. Deben recuperar un peso saludable. Lo saludable, no lo olvidemos, es estar delgado, ni desnutrido ni con sobrepeso, y ese es el mensaje fundamental. No se trata de aumentar su volumen, sino de conseguir que alcancen un peso saludable cuando estén preparados para ello.
  • ¿Es posible que bajar de peso forme parte del proceso terapéutico? Si. En aquellos casos donde existe un sobrepeso uno de los objetivos de la intervención será alcanzar un peso saludable. La cuestión será ¿Cuándo?, ya que el objetivo principal es eliminar las distorsiones cognitivas que mantienen el “temor irracional” al que se aferra la enfermedad.
  • ¿Cuáles son los aspectos en los que fijarse para saber si hay una buena evolución?: es sencillo, el miedo a comer determinados alimentos va desapareciendo, se reducen y eliminan las conductas compensatorias, se normaliza el estado anímico, vuelven la ilusión, las ganas de…, la alegría, el control sobre la propia vida y el propio bienestar… Es en el ámbito psicológico y emocional en el que tenemos que poner la atención como familiares para verificar la correcta evolución. Si nos focalizamos solo en cuestiones físicas solo conseguiremos frustrarnos y tener una imagen distorsionada de la evolución real.

En resumen, entender esta enfermedad supone entender que es en lo psicológico, en lo emocional, donde radica la raíz del problema, y que es en la autoestima, en la comprensión de los mecanismos cognitivos y los efectos de la ansiedad, en la adquisición y/o refuerzo de nuestras habilidades interpersonales, en la asertividad, en la resilencia, en el autoconocimiento, en la capacidad de tomar las riendas de nuestras vidas, de asumir la responsabilidad de nuestro propio bienestar, donde estará la solución.

 

 

Sonia Villar
Psicóloga. Especialista en Psicología Clínica
Centro de Psicología Clinica PETTCA-GRANADA
CAAP-Psicología

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