Descubriendo la Ortorexia

Todos hemos oído hablar alguna vez de Ana y Mía, como las consideradas diosas o princesas por las jóvenes que padecen Trastornos de la Conducta Alimentaria. Ana responde a la perfección buscada por la Anorexia y Mía a la buscada por la Bulimia. Su culto prolifera a pasos agigantados en Internet a través de webs y blogs que son visitados diariamente por aquellas personas que padecen estos trastornos, siendo en un 95% público adolescente. A estos dos personajes se ha unido Alisa, que es la considerada diosa por las personas afectadas por la Ortorexia (Ali: Alimentación; Sa: Saludable).

La ortorexia nerviosa, tal y como originariamente se definió, indica una obsesión enfermiza por el consumo de alimentosmanzanas saludables. El término se deriva del griego orto, que significa “derecho” o “correcta”. Aunque podríamos pensar que el consumo de alimentos saludables entra dentro de lo “deseable”, el problema viene dado por la palabra “obsesión”. El /la paciente con ortorexia consume su vida en la planificación de una “Dieta Saludable” (siempre “autoimpuesta” y por tanto no carente de déficits nutricionales), que le ocupa el 100% de su tiempo. La vida de un/una paciente que padece ortorexia gira en torno a la planificación obsesiva de la ingesta de una alimentación “saludable”, por lo que tiende a aislarse socialmente.

En el trascurso de la enfermedad, el/la paciente pierde la capacidad de comer intuitivamente: la incapacidad para comer de forma natural, de reconocer el hambre y de saber cuando están saciados.

La autoestima de los/as pacientes que padece ortorexia queda a la merced de la elección de “alimentos saludables”, siendo cualquier error que se cometa en la elección de los mismos motivo de sentimientos de culpa, recurriendo entonces a procesos bulímicos de liberación (purgas y vómitos) para volver acto seguido a la dieta saludable.

La ortorexia comparte con la anorexia la rigidez en el control de su dieta y, con la bulimia, la tendencia a la purga tras el consumo de alimentos “no saludables”, pero es más fácil de detectar dado que, a diferencia de la anorexia y la bulimia, los/as afectados/as son muy abiertos/as a la hora de expresar sus costumbres alimentarias, se enorgullecen de la percepción de sus opciones saludables y no se abstienen de decirlo a los demás. De hecho, tienden a menospreciar a los demás que no siguen este tipo de estrictas reglas dietéticas.

Aunque nos se encuentra aún catalogada como trastorno en el DSM (no aparece en el nuevo Manual DSM-V), ni en el CIE-10, podría incluirse al igual que la vigorexia (trastorno en el cual una persona sufre una constantemente preocupación por parecer demasiado pequeña y débil, tendiendo al abuso del ejercicio físico y los esteroides), como TCANE (Trastornos de la Conducta Alimentaria no especificados).

Patricia Boldú de Luelmo
Psicóloga especializada en TCAs
www.buelpsicologia.es

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